En este mundo donde las grandes multinacionales tecnológicas compiten por nuestra atención ofreciéndonos distracciones y estímulos constantes, la capacidad de mantener la atención de manera profunda y sostenida se ha convertido en un reto y, al mismo tiempo, en una necesidad, un acto casi revolucionario.
Profundizar en la Atención no se trata solo de centrarse en una tarea o un pensamiento, sino de aprender a observar con más precisión lo que sucede dentro de nosotros y a nuestro alrededor, un principio fundamental tanto en el Mindfulness como en la Gestalt.
Esta práctica de hoy nos invita a refinar la manera en que percibimos la experiencia presente.
Por ejemplo, en el Mindfulness, la atención plena a la respiración no se limita a notar si respiramos, sino a observar con detalle cada etapa del proceso: el inicio de la inhalación, el punto de máxima expansión, la transición hacia la exhalación y la sensación de vaciado. Entrenar este nivel de precisión nos permite entrenarnos para vivir con más profundidad cada momento, desarrollando una conciencia más fina del flujo natural de las cosas.
En la Gestalt, poner en práctica esta profundidad de atención tiene relevancia porque nos puede ayudar a conectar con nuestro cuerpo y nuestras emociones, sin evitarlas ni modificarlas. Y es que muchas veces, huimos de lo que sentimos porque nos resulta incómodo o abrumador.
En este caso, profundizar en la atención nos permite notar que cada emoción, como cada respiración, tiene un principio, un momento de intensidad y un final. Y eso nos ayuda a entender que todo es transitorio y que la mejor manera de vivir las emociones es permitirnos vivirlas plenamente con presencia y conciencia.
En este sentido, esta práctica, sobre todo si es acompañada por un psicólogo en El Prat de Llobregat o OnLine, tiene múltiples beneficios en nuestro día a día. Por ejemplo, cuando una persona aprende a observar sus emociones, como observar la respiración, puede gestionar mejor los momentos de estrés o angustia sin reaccionar de manera impulsiva. O cuando escuchamos a alguien con una atención profunda, no solo oímos sus palabras, sino que también percibimos lo que hay detrás: las emociones, las inquietudes, las necesidades reales. Y eso nos permite conectar mejor con los demás.
Y, al igual que cada respiración tiene un espacio de transición, la vida también está llena de momentos de cambio y de vacío. Y cuando nos acostumbramos a habitar esos espacios sin prisa, podemos desarrollar una mayor tolerancia a la incertidumbre.
Cuando la mente está en calma y en sintonía con el presente, las decisiones se toman con más claridad y menos dudas, evitando la impulsividad o la evasión.
Lo mejor es que esta práctica no requiere ninguna condición especial para aplicarse. Se puede hacer antes de tomar una decisión importante, realizando unas respiraciones profundas y observando cada etapa del proceso para estabilizar la mente. Se puede aplicar cuando tenemos conversaciones difíciles, llevando la atención a la respiración en lugar de precipitarnos a hablar o reaccionar. O durante un momento de estrés, respirando, observando y dándonos cuenta de que cada sensación, incluso esa sensación de estrés, puede tener un principio, una cierta intensidad y un final.
Igual que otras técnicas de Mindfulness, esto no es solo una técnica, sino una puerta para vivir con más presencia, equilibrio y conexión.
Una atención profunda nos recuerda que cada momento, por simple que sea, tiene su propia riqueza si nos permitimos experimentarlo plenamente. Y cuando aprendemos a observar la vida como observamos la respiración, dejamos de ver las emociones como una amenaza y las aceptamos como partes naturales de nuestro camino.
Al observar la respiración, profundamente, sin intentar controlarla, podemos entender que la paz y la claridad no vienen de intentar controlarlo todo, sino de permitirnos estar presentes con lo que ya está, y de esta manera vivir con más conciencia, autenticidad y serenidad.
En este sentido, el cuento de Hara nos muestra, en situaciones del día a día, cómo la capacidad de profundizar en la atención puede transformar la manera en que una persona se relaciona con su entorno y afronta situaciones de incertidumbre.
Por ejemplo, en el cuento, cuando la hermana de Hara, Amelia, le pide una conversación en privado, había una preocupación profunda detrás de esa petición. Amelia le comparte sus inquietudes sobre el futuro y la maternidad, aspectos que le generan ansiedad e incertidumbre. En una situación similar en el pasado, Hara habría respondido intentando dar consejos o buscar una solución rápida para aliviar la incomodidad de su hermana.
Pero esta vez aplica la atención plena. Y, en lugar de intervenir de manera precipitada, dirige su conciencia hacia su propia respiración, observando el principio, el medio y el final de cada inhalación y exhalación. Este proceso interno le permite mantenerse presente sin la necesidad de llenar los silencios con respuestas automáticas.
A medida que Amelia habla, Hara se enfoca en escucharla de manera plena, y esa atención profunda crea un espacio seguro para que su hermana pueda expresarse con sinceridad, sin sentirse presionada a obtener una respuesta inmediata.
Cuando la conversación termina, Hara comprende que su papel no era ofrecer soluciones, sino simplemente estar presente y validar la experiencia emocional de su hermana. Esta forma de escuchar permite que Amelia se relaje y sienta alivio, demostrando cómo la atención plena en la comunicación puede favorecer relaciones más auténticas y empáticas.
Otro momento es cuando Hara se reúne con un grupo de turistas para preparar una ruta de senderismo. Ella nota un ambiente de preocupación debido a las condiciones meteorológicas. Los participantes se muestran indecisos sobre si continuar con la excursión o cancelarla, y la tensión se hace evidente.
En otras ocasiones, esta situación le habría generado nerviosismo, haciendo que se precipitara a dar respuestas para calmar a los demás. Pero esta vez, antes de hablar, dirige su atención hacia la respiración, conectándose con el ritmo de cada inhalación y exhalación, y esa pausa le permite aclarar la mente y observar la situación con más perspectiva.
Cuando empieza a hablar, lo hace con un tono de voz tranquilo y seguro. Y a medida que transmite esta información con serenidad, reduce la inquietud de los turistas.
En lugar de reaccionar desde la preocupación, Hara se centra en la respiración para mantener la claridad y la calma, lo que le permite transmitir seguridad a los demás.
Con estos dos pequeños ejemplos podemos ver cómo profundizar en la atención puede generar cambios significativos en la manera de afrontar tanto las relaciones personales como las situaciones profesionales. Integrando esta práctica en el día a día, es posible transformar la manera de relacionarse con los demás y con uno mismo, generando más equilibrio y serenidad en cada momento.
Como veremos a continuación, desarrollar una atención profunda es una herramienta fundamental, tanto en la Gestalt como en el Mindfulness, ya que permite a los pacientes, estudiantes o público en general conectarse con su experiencia interna sin reaccionar automáticamente ante, por ejemplo, las emociones intensas.
Cuando se aplica en un contexto terapéutico o de autoconocimiento o crecimiento personal, acompañado de un psicólogo en El Prat de Llobregat o OnLine, profundizar en la atención nos ayuda a regular mejor las respuestas emocionales, aumentar la conciencia corporal o mejorar la capacidad de respuesta ante situaciones estresantes o traumáticas, entre otros.
Veamos ahora algunas situaciones terapéuticas en las que profundizar en la atención puede ser importante para transformar nuestra manera de vivir y afrontar los desafíos diarios.
Imaginemos que una persona expresa que a menudo se siente desbordada por las demandas constantes de su hijo pequeño. Esta persona explica a su terapeuta, mentor en Mindfulness o tutor que, en situaciones de cansancio, cuando el niño le pide su atención o algo de manera insistente, siente una espiral de tensión e irritación que crece dentro de sí hasta que acaba respondiendo de forma brusca. Y, seguidamente, se siente culpable por su reacción, pero no encuentra la manera de gestionarlo de forma diferente.
En casos como este, por ejemplo, se puede guiar a la persona en un ejercicio en el que debe llevar su atención a las sensaciones corporales previas a la explosión emocional. Se le puede pedir que recuerde un momento reciente en el que sintió esa tensión y que observe dónde la nota en el cuerpo, qué ritmo tiene su respiración y qué pensamientos le pasan por la cabeza en ese momento.
Se puede proponer una técnica de pausa consciente: esto consiste en que, cuando detecte la primera señal de irritación, dirija su atención a la respiración durante tres ciclos completos antes de responder a su hijo.
En la exploración de esta situación podemos hacernos o hacerle diversas preguntas, como por ejemplo:
- Cuando tu hijo te pide algo insistentemente, ¿cuáles son las primeras sensaciones que aparecen en tu cuerpo?
- ¿Qué cambia en tu respuesta cuando te das unos segundos para observar tu respiración antes de hablar?
- ¿Crees que puedes aplicar esta práctica en otras situaciones de tensión, no solo con tu hijo?
Practicar con antelación la atención profunda puede permitir a la persona tener la oportunidad de identificar el patrón automático de reacción e incorporar un espacio de pausa antes de responder.
Responder, no reaccionar. Con la práctica, la gestión de la frustración puede mejorar y su relación con el hijo o hija puede volverse más fluida y respetuosa.
Otro caso de ejemplo podría ser el de alguien que ha sufrido un accidente grave y que manifiesta que, desde entonces, siente una fuerte ansiedad en situaciones similares, como ir en coche o cruzar determinadas carreteras.
En estas situaciones experimenta un aumento de la tensión muscular, una respiración acelerada y una sensación de peligro inminente, aunque racionalmente sabe que está a salvo.
Para este caso, el psicólogo en El Prat de Llobregat o OnLine, puede proponer una práctica de atención gradual a las respuestas del cuerpo. Podemos ayudarle, guiarle, a observar cómo comienza la tensión en el cuerpo cuando aparece el miedo, sin intentar cambiarla.
Imaginando, en un espacio seguro, esa situación, podemos pedirle que describa su respiración, la posición de los hombros, la presión en el estómago o cualquier otra sensación física que recuerde presente en ese momento.
Con el tiempo, y con paciencia, esta práctica puede ayudar a separar la respuesta emocional del accidente del pasado de la situación presente que esté viviendo, reduciendo el impacto de los recuerdos traumáticos en el cuerpo.
Para ayudarle en su exploración, se puede preguntar:
- Cuando aparece el miedo en estas situaciones, ¿dónde lo notas primero en tu cuerpo?
- ¿Qué pasa cuando observas esas sensaciones sin intentar evitarlas o huir de ellas?
- ¿Crees que profundizar en la atención puede ayudarte a diferenciar el pasado del presente en estas situaciones?
Este ejercicio puede ayudar a la persona a desarrollar una nueva relación con su respuesta al trauma y reducir, progresivamente, la activación emocional asociada a determinadas situaciones.
Y por último, podemos imaginar el caso de una persona con mucho estrés laboral. Una persona que siente desconexión emocional y fatiga constante.
Una persona que relata que su mente está siempre ocupada con preocupaciones sobre el trabajo, incluso fuera del horario laboral. Y que, cuando intenta descansar, nota que su mente continúa activa, repasando asuntos pendientes o anticipando posibles problemas.
Podemos acompañar a esta persona a practicar momentos de microconexión con el momento presente durante la jornada laboral.
Por ejemplo, llevar su atención a los momentos de transición, cuando termina una reunión y antes de comenzar otra tarea.
Durante esos momentos, la persona se compromete a hacer una respiración profunda y notar cómo está su cuerpo, en lugar de saltar de una actividad a otra sin pausa. Practicar esto permite recuperar la sensación de presencia y evitar la acumulación constante de tensión.
Para ayudarle a profundizar en su atención se le puede preguntar:
- ¿En qué momentos del día notas más desconexión contigo mismo?
- Cuando te das unos segundos para notar tu respiración entre tareas, ¿percibes algún cambio en tu estado mental?
- ¿Hay algunos momentos especialmente importantes en los que podrías introducir pequeñas pausas de atención plena a lo largo del día?
Practicar esto ayuda a recuperar la conexión con el cuerpo y la mente en el presente, poniendo conciencia en la sensación de agotamiento extremo y la desconexión emocional. Con el tiempo, esto puede ayudar a reducir los síntomas de burnout y mejorar su calidad de vida laboral. Y quizás, incluso, sentirse más capaz de pedir y luchar por mejores condiciones laborales, si es necesario.
Vemos entonces cómo la práctica de profundizar en la atención puede tener un impacto profundo en contextos terapéuticos, de crecimiento personal y en nuestra vida diaria. Entre otros beneficios, permite reducir reacciones impulsivas y generar una comunicación más consciente y afectuosa. Nos ayuda a separar las respuestas emocionales del pasado de la realidad presente, reduciendo la ansiedad asociada. Y nos permite reconectar con el cuerpo y la respiración para evitar quemarnos y mejorar la calidad de vida.
Como hemos dicho, en este mundo donde las grandes multinacionales tecnológicas se disputan nuestra atención ofreciéndonos distracciones y estímulos constantes, aprender a profundizar en la atención es una herramienta fundamental para recuperar el control de la propia experiencia y responder con más claridad y conciencia ante los desafíos cotidianos, sin dejarnos arrastrar por aquello que estas grandes tecnológicas quieren explotar en nosotros: nuestra atención, nuestro tiempo, nuestra vida.
Esta habilidad no solo nos ayuda a reducir la reactividad emocional, sino que también nos permite observar con más precisión nuestros pensamientos, sensaciones y respuestas internas antes de actuar. Nos hace más libres frente a unas pantallas que nos quieren esclavos.
Profundizar en la atención implica desarrollar una relación más consciente con lo que vivimos, sin quedar atrapados en patrones automáticos.
Hacer una pausa y observar con detalle lo que sucede en el momento presente puede marcar una gran diferencia entre reaccionar de manera impulsiva o actuar desde un lugar de mayor equilibrio y conciencia.
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Aleix Boronat Monfort
Director y fundador de l’Espiral. Terapeuta Gestalt, Formador y Mentor en Mindfulness y Miembro adherente de la AETG. Formación en Psicoterapia Integrativa (programa SAT). Formado en técnicas psico-corporales (Yoga, Shiatsu y Movimiento, Bioenergética y Movimiento Auténtico).